NOTA: El siguiente texto, es una traducción que hice hace bastantes meses ya. Cuando tengo un poco de dinero extra me gusta comprar algunas revistas, entre ellas Spirituality & Health. Aquella vez como de costumbre, revisé rápidamente la revista para ver si el contenido me convencía del todo y recuerdo que lo primero con lo que me topé fue con éste artículo en torno al poder sanador de la Poesía, la decisión de comprarla fue fácil.
Cuando yo era una adolescente solía escribir poemas sin ton ni son, tenía un cuaderno lleno de ellos; al final creo que los transcribí a word y los imprimí, supongo que estarán perdidos en algún folder arrumbado entre mis tantas carpetas de cosas que he ido recopilando en estos años.
Espero que este texto los inspire a utilizar la Poesía como un método efectivo de sanación, a fin de cuentas escribir y leer es gratis y solo hace falta una buena atmósfera y la disposición para dejar salir lo que llevamos dentro (si es que queremos escribir) y que probablemente ni somos conscientes de que existe, o bien para leer un poema con el que podamos conectarnos . El texto es un poco largo pero vale la pena leerlo completo. Espero que lo disfruten.
Cómo las palabras pueden salvar tu vida
“Nunca podría conectar con la poesía”, Jan dijo. Soy una maestra de matemáticas!” Ella estaba
sentada en el sillón de mi sala de estar, rodeada por pilas de libros de
poesía. En la mesa de café había una pila de tarjetas, cada una con un poema
diferente en ellas. Incluso algo del
arte de la pared tenía versos caligrafiados a mano entre los colores.
A pesar de mi actual pasión por el poder de la poesía, pude relacionarme totalmente con las palabras
de Jan. Por muchos años, tuve de hecho miedo de la poesía. Sentía como si fuera
el lenguaje secreto de un club elitista al que yo no había sido invitada a
unirme. A pesar de que amaba la poesía siendo
niña, la dura y excesivamente analítica forma en la que la enseñaban en mi
secundaria me había intimidado. De repente mi mágico mundo de palabras y
sentimiento se convirtieron en “pentámetros yámbicos”,“tetrámetros dactílicos”, “esquemas de rima” y “lineación”. Decidí que
esa poesía no era para mí después de todo.
La mirada de Jan cayó en la pila de los libros de Mary
Oliver, y lágrimas salieron de sus ojos. “Hace unos pocos años, cuando yo
comencé a enseñar en mi actual trabajo, la primer amiga que hice fue Rita, una maestra de inglés y poeta. Le confesé a ella mi incapacidad para
entender la poesía. Con una mirada de complicidad en sus ojos, me dijo: “No te preocupes, yo me ocuparé de eso”.
“Unos pocos meses después, -Jan continúa-, Rita me obsequió
una bellamente decorada caja por mi cumpleaños número 46. Dentro había docenas de sobres, cada uno con
un poema. Y había una hoja de instrucciones:
Cada mañana, tan pronto como te despiertes, toma uno de
estos sobres en un lugar apacible con una ventana que dé a la naturaleza, o junto
a una planta o a una vela. Siéntate cómodamente y lee el poema en voz alta para
ti, preferiblemente más de una vez.”
Hubo un tiempo oscuro en la vida de Jan. Por más de una año,
estuvo luchando con una enfermedad crónica. Su ilimitada energía parecía
haberse evaporado, dejándola perpetuamente palida y cansada. Alguna vez ella
amó conducir su bicicleta de montaña cada día en los senderos cercanos a su
casa, ahora apenas podía llegar a casa de su trabajo como maestra para colapsar
en su cama. A pesar de que ella había ido con doctores, terapistas, y médicos
alternativos, ninguno parecía ser capaz de proveerle respuestas o alivio.
“Pensé que podría seguir el consejo de Rita” me dijo Jan
encogiéndose de hombros.“Nada parecía estarme ayudando”.
La mañana siguiente a su cumpleaños ella despertó con el mismo
agotamiento implacable en el pecho. ¿Donde encontraría ella la energía para
encarar este día? Al arrastrase fuera de la cama, vió la caja de poemas en la mesilla de noche. A regañadientes sacó el primer poema fuera de
su sobre y se sentó junto a la ventana. Se sintió un poco tonta leyendo en voz
alta sin que nadie salvo su gata pudiera oírla, pero ella siguió las
instrucciones de Rita.
Fue un poema llamado “El día de verano” por Mary Oliver.
Mucho de la primera estrofa fue sobre un saltamontes. La descripción de las
criaturas de ojos complicados y pálidos antebrazos fue adorable, pero Jan no
vió la relación con ella. Unas pocas líneas después, sin embargo, ella se quedó
sin aliento. “No sé exactamente lo que es una plegaria”, escuchó a su
propia voz decir. De pronto, ella estaba despierta, escuchando. Las siguientes
líneas del poema le hablaron directamente a ella, haciéndole frente a una
conversación que tenía constantemente por debajo de la superficie de su vida,
pero que nunca había pronunciado en voz alta:
¿Cómo voy a rezar si no soy religiosa? ¿Cómo mi vida se convirtió en algo sin significado? ¿Qué es lo que considero
sagrado de todos modos? Las líneas finales dejaron a su corazón acelerado:
“Dime, qué es lo que vas a hacer/ con tu salvaje y preciosa vida?”
Cada mañana después de eso, sin fallar, el poema del día se
conectaba con ella misma, de una manera
que nunca había experimentado. Rita había elegido los poemas exactos que
desbloquearían el corazón de Jan. A menudo Jan llegaba a las lágrimas por una
frase de Mary Oliver, o Naomi Shihab Nye, o Hafiz. “Amarás de nuevo al extraño
que eres tu mismo” Derek Walcott le aseguró. O
“el daño que abrazas se convierte en alegría” Rumi le avisaría. Con la
apertura de cada sobre, Jan se sentía más profundamente enamorada de la poesía.
Me encontré a mi misma asintiendo con la cabeza mientras ella hablaba. Yo también, había
redescubierto inadvertidamente el poder sanador de la poesía durante un difícil
momento de mi vida. En 1994, estaba en medio de una depresión suicida. En ese
momento yo era terapeuta y maestra de auto-transformación, pero nada de la
sabiduría espiritual o psicológica que yo había aprendido podía tocar el lugar
dentro de mí que se sentía tan roto.
Cuando yo me deprimo, limpio. Un día estaba fregando bajo el
radiador y encontré un casette sin
etiqueta con pelos de gato y polvo. Lo limpié, lo puse en la casetera y comencé
a lavar los platos. La voz de hombre que
recitaba poesía llenó mi casa. Estos poemas no se parecían nada a los que había
conocido en la secundaria o el colegio, eran lo que ahora llamo “poemas de la
vida interior”. Muchos eran los mismos
que los hechos a mano que Jan encontró en la caja que le regaló su amiga. El
sonido de la voz que hablaba y las palabras de los poemas alcanzaron un lugar
dentro de mí que se había sentido totalmente intocable. Dejé mi esponja y
lloré.
Un poco de actividad detectivesca reveló que la cinta había
caído de la bolsa de un cliente. Ella me dijo que el orador era David Whyte, un
poeta que recita de memoria para inspirar creatividad e intuición en
grupos en todo tipo de escenarios desde
salas de juntas hasta monasterios.
Comencé a leer poemas en mi vida diaria, no simplemente
leyéndolos y cambiando la página, sino desarrollando ricas relaciones con los
que más me gustaban. Aprendí muchos de memoria, llevé muchos en mi bolsa, grabé
algunos en la pantalla de mi computadora y
en el refrigerador. Yo raramente me voy de la casa sin un poema en mi
bolsillo. Imprimí algunos de mis favoritos en pequeñas tarjetas y las uso como baraja
adivinatoria. Ellas se convirtieron en mis tarjetas de ángeles, mi terapia, mi
medicina, mis rezos.
Esos poemas no solo me infunden de sabiduría, sino que me
traen vitalidad al cuerpo. ¿Cómo, podrías preguntar, puede un poema tener un
efecto físico? Como la poetisa Emily Dickinson dice: “Si leo un libro y hace
que mi cuerpo tan frío pueda calentarse, entonces sé que es poesía.” Como el
tambor de un chamán, o un canto sanscrito, el ritmo de un poema arrastra los
latidos de tu corazón, el fraseo cambia tu respiración, y los sonidos resuenan
dentro de la cristalina estructura de tus huesos. Muchos años después vine a entender esto como
la “anatomía chamánica del poema”: la investigación científica actual muestra
que las ondas cerebrales, respiración y
pulso literalmente cambian cuando le das voz a un poema, abriendo la mente más
allá del pensamiento ordinario. Los elementos físicos del poema literalmente
crean circunstancias bioquímicas para la sanación y la introspección.
Me quedé fascinada con la poesía, no principalmente como un arte literario,
sino como una poderosa medicina sanadora para desbloquear la riqueza de la vida
interna.
Luego, en el otoño del 2008, la poesía me rescató de una
manera que nunca esperé. En Octubre, invertí todos mis ahorros en un pequeño fondo local. Dos meses después un amigo
que también había invertido en ese fondo me dejó un mensaje: “Bernard Madoff
fue arrestado hoy. El fondo era un fraude. Lo hemos perdido todo”.
Me quedé allí, sin aliento, agarrando el teléfono mientras
la voz automatizada repetía “Para repetir este mensaje, presione uno”, estaba
paralizada y en shock. De pronto, salido de la nada, escuché estas palabras en
mi mente:
Antes de saber lo que es la bondad, debes perder cosas.
Sacudí mi cabeza de incredulidad. Era un poema de Naomi
Shihab Nye llamado “Bondad”. Aunque lo había escuchado antes, nunca me había
atraído. ¡Y ciertamente no sabía que estaba en mi memoria! Sin embargo, las siguientes líneas se
desplegaron en mi mente como las letras de un karaoke:
Siente el futuro disolverse en un momento
Como sal en un caldo insípido
Claro que hubo de repente miles de cosas que necesité hacer
–contactar con mi abogado y mi contador, averiguar cómo iba a pagar las deudas que adquirí cuando pensaba que tenía dinero,
sin mencionar pagar la renta, comida, seguro de salud- pero todo lo que podía
pensar era en goglear “Bondad”.
Necesité ayuda, y este poema fue la única voz que me hablaba
a mí. Así que lo encontré en la web, lo imprimí, y me senté en el piso a leerlo
en voz alta.
Lo que sostienes en tu mano
Con lo que cuentas y cuidadosamente salvas,
Se sintió como si el poema hubiera sido escrito para mí
personalmente, para ese momento exacto. Fue como tener la ayuda perfecta en
escena en el instante de un accidente.
“Bondad” se convirtió en mi rezo. Lo leía antes de ir a la
cama, y en el desayuno cada mañana. Me recordaba que esto no era una tragedia,
sino un camino a la compasión, y que no estaba caminando sola. Eventualmente me
supe el poema de memoria y lo pude decir en voz alta para mí misma, y para
otras personas que estaban agradecidas de escuchar su sabiduría.
Nunca he sido una persona religiosa, pero después de esa
experiencia creo que entiendo porque los musulmanes rezan a Allah cinco veces
al día o los judíos ortodoxos miran al este y enrollan el tefilín. Incluso
ahora, me encuentro con “Bondad” muchas veces a la semana para adentrarme al
corazón de lo que de verdad significa para mí.
Te invito a explorar el poder sanador de la poesía también.
Aquí tienes unas cuantas ideas acerca de cómo hacer de este poderoso arte tu
aliado:
1. ENAMORATE DE UN POEMA. Entiendo que esto puede
ser un gran reto para aquellos quienes como yo, se alejaron de la poesía, o
nunca se conectaron con ella desde el principio. Así que aquí están algunas
pistas sobre cómo encontrar un poema para hacer amistad con él.
Tal vez tu y yo somos similares, y los
poemas que amo también te hablen a ti. En la parte de atrás de mi libro Salvada por un poema: El poder transformador
de las palabras hay una lista de 50 de mis poemas favoritos. Hay también
bastantes antologías maravillosas enlistadas en la sección de bibliografía. Tal
vez escuchaste un poema que te tocó en una boda o un funeral. Haz memoria.
La página web de la Fundación de Poesia
(poetryfoundation.org), tiene una “herramienta poetica” que te ayudará a
encontrar poemas sobre cualquier tema. La poesía Chaikhana (poetry-chaikhana.com)
reúne antigua y moderna poesía espiritual de todo el mundo.
2. LEE TU POEMA EN VOZ ALTA. No puedo dejar de
enfatiza la importancia de darle voz a la poesía, tanto si hay o no alguien escuchando. Un
poema está hecho de más que palabras en una página: Es respiración, sonido,
ritmo. La mayoría de los poemas ofrecen
su magia completa solo cuando se unen a la voz humana.
3. Una vez que comenzaste a buscar poemas que amas,
ESCRIBE UN DIARIO de ellos en el orden en que aparezcan en tu vida.
4. ESCRIBE TUS LINEAS FAVORITAS EN TARJETAS. Usa
estas tarjetas de poemas como una herramienta de inspiración: lee una cada
tarde como una plegaria antes de dormir, o úsalas como baraja adivinatoria
cuando enfrentes una dificultad en tu vida.
5. TEN UN SALÓN DE POESIA en tu casa. Invita a
todos a que traigan su poema favorito para leerlo en voz alta y algo de comer para compartir.
La poesía es una puerta a la pasión, a la paz, y a la
totalidad que se encuentra justo en medio de nosotros. Es gratis y está
disponible para cualquier persona todo el tiempo. Te invito a pasar por el
umbral de un poema hacia la maravilla de tu propio ser.
Kim Rosen es una artista de la palabra hablada, maestra de la auto-indagación y poeta galardonada. Ha ofrecido lecturas de poesía, conferencias y talleres dentro de catedrales e iglesias, e incluso en reformatorios de menores. También ha estado en la facultad de la Wisdom University, el Omega Institute y el centro de yoga y salud Kripalu. Es autora del libro: "Saved by a poem: the transformative power of words" (Hay House, 2009).
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